viernes, 19 de febrero de 2010

Marga...

No le gustaba su trabajo en la multinacional, pero le permitía mantener su alto nivel de vida. Llegaba siempre tarde a casa. Reuniones, almuerzos, comidas, viajes, toma de decisiones, y ese largo etcétera que le hacía mantenerse ocupada el mayor número de horas del día. Sin duda alguna era la mejor en lo suyo, lo que había despertado el recelo y las envidias de sus compañeros. Ya no le importaba escuchar aquellos rumores sobre cuales habían sido sus méritos para tan meteórico ascenso, le daba igual; no era más que otra de las escusas que buscan los ejecutivos cuyo mayor éxito es haber cursado sus estudios en universidades de relumbrón y obrar en su poder de múltiples especializaciones en países de prestigiosa fama educativa pagadas por padres cuyo mayor preocupación no era llegar a final de mes, más bien diseñar una agenda destinada a pasar el mínimo tiempo posible con sus familias.
Al llegar a casa lo primero que hace es descalzarse, nunca entenderá el porque de esos incómodos zapatos de tacón, con lo que le gusta a ella caminar descalza. Sobre el galán deposita su traje chaqueta, listo ya para ir al tinte. Se pone cómoda, viste ya su camisón de raso negro.
Se sirve un Don Pérignon, y activa con el mando a distancia el equipo de alta fidelidad donde Micah P. Hinson cumple su cometido. A sus pies, desde el mirador del salón de su ático, una ciudad que dormita y muere como cada noche.
La noticia le revuelve, por eso, después de seis años de trabajo ininterrumpido, ha decidido tomarse sus primeros días libres, ante la sorpresa de propios y extraños.


lunes, 28 de septiembre de 2009

Ordenando el caos...

La casualidad, valga la redundancia, no es un acto casual. Todo se relaciona, de una forma o de otra, en un punto exacto promovido, más que por el azar, por la causalidad.

domingo, 20 de septiembre de 2009

1

Y llegará el día en que nos demos cuenta que el Sol sólo luce a media noche.